Desde pequeño siempre mi padre nos inclinó por el deporte, debido a que era reconchito y a mi falta de coordinación siempre era suplente pero estaba en los equipos, y es que claro, todos deben pertenecer al equipo, inclusive el niño gordito que no juega nada.
Gracias a que mi casa tenía un jardín grande jugaba con mi hermano, él, más habilidoso y deportista que yo, jugábamos el clásico arco a arco, él sabía llevar bien la pelota y me hacía goles, por lo que aprendí a quedarme en mi arco, esperar a que pateara, agarrar la pelota y salir corriendo como un cerdito salvaje hacia su pared arco y patear la pelota para hacer goles. Fue por esto que aprendí a tapar obligatoriamente.
Tengo que agradecer que vivíamos en los suburbios y que mi cuadra era bien unida, era clásico de verano en salir a jugar entre todos, poco a poco fui creciendo e iba a jugar al parque, y ya empecé a tapar. Debido a mi gran habilidad para tapar, humildad ante todo, pasé a formar parte del primer equipo de mi cuadra y con tan solo unos 12 años calculo ya jugaba con chicos de 18 a más y no lo hacía para nada mal.
Debido a los estudios universitarios y a mi carrera tuve que abandonar las canchas de mi barrio, la gente creció, comenzó a trabajar y cada vez menos gente iba a la canchita, años después me enteré que estaban jugando en otra cancha así que fui, claro no los adultos sino los que eran un poco menor que yo.
Me reencontré con gente después de tiempo por ejemplo Kevin, al que le decía Chuchin, ahora le decía Cyborg, estaba chapado, jugaba demasiado bien, el nene creció y ahora jugaba en un equipo por la distrital, piedrita creció unos cuantos centímetros pero se quedó con esa chapa, que orgullosamente puedo decir que se la puse, Bryan, Hartman y demás seguían ahí, crecieron y ahora los partidos eran competitivos, a correr como loco.
Jugar con la gente del parque es una de las mejores cosas que puede pasar, ahí no hay diferencia social, racismo o discriminación, basta que te elijan en un equipo y que quieras dar lo mejor de ti, claro a veces la vas a cagar pero es parte del juego.
Verdad, olvidé mencionar que en mi universidad fui 5 años parte de la selección, 4 de ellos titular, y solo perdimos un partido, fui campeón 3 veces en fulbito, inclusive me rompieron una ceja.
Para alguien que en su infancia se la pasó siendo el gordito del salón, teniendo pie plano, el malo, el que quedaba penúltimo en la carrera de 100 metros y que hacía como 13 segundos creo, he tenido un cambio drástico, ahora tengo un físico de la patada, puedo correr como loco y lo peor de todo es que me gusta.
El deporte te une, saca lo real de uno, puedes darte cuenta si la gente efectivamente trabaja en equipo, delega riesgos o no. El deporte no discrimina, te hace sentir uno más, por eso me gusta jugar con la gente del parque, nadie es más ni menos, todos son locos que van detrás de una pelota.
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